El negarnos a odiar también es un acto de rebeldía

No me enseñaron a odiar, jamás he odiado en mi vida; aunque creo que en algunos casos tenía razones para ello. Por lo que sé, es un sentimiento que carcome el alma y la existencia. He visto gente deshecha física y emocionalmente por sentir Odio.

Desde que emigré he trabajado en mi, he llorado y rezado mucho para no odiar. No es fácil andar explicando el por qué tomé ciertas decisiones, tampoco fue fácil explicar por qué me iba o renunciaba a algunas cosas. Fue más fácil callar y dejar que asumieran que los abandonaba.

He decidido no odiarlos

Aún estoy en alguna etapa del duelo migratorio, ya no estoy negada a sentir, creo que estoy entre la rabia y el miedo. Rabia de sentir que me y nos arrebataron oportunidades, sueños, amores… Y miedo de no poder dejar ir y terminar odiando.

Vivo repitiéndome a mi misma que no vale la pena sentir tanta rabia, que la que se enferma y desgasta soy yo, que ellos están por allá y ni enterados (o si, pero no les importa). Pero aunque rece y me lo repita mi rabia es real y a veces no la puedo controlar.

Se ha vuelto más fácil de manejar desde que trato de ocuparme todo el día; me pongo una rutina matadora desde que me levanto; voy a jugar fútbol con el equipo de madres de la escuela… para que no me de tiempo de pensar. Y ahora antes de dormir me pongo mis audífonos y activo mi playlist con ruiditos ASMR.

Hay días buenos y días malos. Ayer sentía una tensión en la espalda, me sentía tiesa y estaba agitada, pero me mantenía calmada el saber que iría a jugar fútbol…

Pero como la ley de Murphy se aparece cuando menos lo esperas, me quedé vestida y alborotada y un mal humor me invadió. Por más ruidito y sonido de lluvia, dormí terriblemente mal.

Sigo filtrando noticias, leyendo medios muy bien escogidos y limpiando cada vez que puedo las listas de gente que sigo en redes sociales; entro poco a Twitter -que cada vez esta más tóxico- y evito en la medida de lo posible leer los comentarios en IG o FB de las noticias sobre los venezolanos en otros países (aunque a veces no puedo evitarlo).

He cambiado la dieta y empezado a hacer ejercicio, he conocido mucha gente linda y las malas experiencias han sido pocas; pero la rabia que raya en el odio está ahí, latente, haciendo sombra y yo procuro hacerle su estancia lo más incómoda posible para que no le guste y se vaya.

Siento como un acto de rebeldía y victoria cada día que logro estar serena, que últimamente son más, cosa que me permite estar enfocada y sacar adelante mis proyectos. Estamos Rotos Estoy rota, lo asumo, pero de lo que estoy segura es de que quiero pasar esta etapa sin odiar.

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